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jueves, 16 de diciembre de 2010

La risa y el BDSM


Nota: este artículo fue escrito como columna para la página de Mazmorra en dicimbre de 2010.


Pero hay algo que nadie puede explicar:
por qué la niña ríe en vez de llorar.
(Fabricante de mentiras, Charly García)


Lo que más me gusta de Mazmorra es su risa. Fue lo primero que me llamó la atención. No es habitual, ni esperable, escuchar risas en un lugar sadomaso. Uno espera escuchar gritos, órdenes, latigazos, súplicas. O en todo caso, instrucciones técnicas. Pero... ¿risas? Cuando acerqué mi oído por primera vez a la puerta de Mazmorra oí gritos, órdenes, latigazos, súplicas e instrucciones técnicas, pero además escuché risas. Al principio no entendía bien cómo era ese asunto. Dominantes, sumis y switchs, entre fustazo y fustazo, reían a carcajadas. Hasta ese momento para mi el mundo BDSM era un lugar poblado de sentimientos densos, que surgían de antiguas profundidades interiores. Un lugar más bien oscuro y serio, del que no podía hablar con casi nadie.

Así que, cuando llegué a Mazmorra, encontré algo que sabía que buscaba, pero también encontré algo que no sabía que buscaba. Encontré lo que buscaba, porque encontré información seria y sobre todo gente que sentía lo mismo que yo, con quien pude empezar a hablar. Pero además encontré algo que buscaba sin saberlo: cómo unir el BDSM con la risa. Y estoy seguro ahora de que esa risa fue la que me empujó finalmente a tomar contacto personal con esta comunidad, a empezar a llenar mi vida de amigos y amigas que tienen dentro suyo la misma cosa que durante décadas pensé con angustia que solo tenía yo.

Y Mazmorra se me vino encima con su risa. Desde las improvisaciones teatrales a las que nos arrastraron Kronos y su kaotika{KNS}, hasta los sadopicnics que inventó LACTO y continuó violeta{AXN} y su Amo Xander. Desde los bichos bolita culeadores de costas{AR} y su maravillosa AmaReina, fundadora del hilo de preguntas insólitas, hasta el sadismo radial desopilante de BlueVelvet , Ursula y El Sombrero en RapePlay. Desde la alegría incansable que te tira el tarot de maite{}, hasta la imponente sonrisa desbordada de mell{SrF} esposada. Y tanto ejemplos más... Tantos, tantos... Todos. Todas.

Pero entre todas, retengo siempre una imagen que para mí se acerca casi a la perfección:
           Plena sesión con toda la parafernalia BDSM, incluida ballgag, (esa con perforaciones para respirar). Sumisa respirando trabajosamente...y escuchándose solo respirar:
Amo - ¿Estás bien?
sumisa – Ssjj mmmm, ssjj Ddrrrrgg Vvggggddddrrrrrrrr
            Amo retira la mordaza y repite la pregunta:
Amo - ¿Estás bien?
sumisa - Si Amo, soy Dark Vader!!!!
Amo
(repuesto del ataque de risa, vara en mano) - ¡¡La fuerza está contigo!!  
El párrafo anterior no está extractado de alguna obra del gran dramaturgo italiano Darío Fo. Es un relato de una experiencia real de goodgirl{AD}, una de mis amigas sumisas de Mazmorra. ¿Risa en medio de una sesión BDSM? Creo que fue en ese momento que supe que a partir de ahora yo iba a vivir el BDSM así.

Es que la risa, en el BDSM (y la vida), es mucho más importante de lo que quizás pueda parecer a simple vista. La risa es algo serio. Lo digo por experiencia personal. El BDSM (la vida también), es una vivencia muy pesada, sobre todo cuando uno anda solo. En muchos casos viene de experiencias de abuso y en otros se ha llevado como una carga, poblada de incomprensiones, prejuicios y culpas. Nada de eso es gracioso. En ese territorio tenso, la risa ingresa como un océano descontracturante.

En El nombre de la rosa, Umberto Eco menciona un antiguo texto egipcio según el cual Dios creo el mundo con su risa: “apenas se echó a reír apareció la luz”. Es que la risa infunde vida y nos libera del miedo y los prejuicios. La risa es la archienemiga del miedo. Y qué otra cosa sino el miedo es lo que te impide disfrutar del BDSM. Fue la risa de Mazmorra la que le permitió a mi cuerpo, ya no solo a mi mente, sino a mi cuerpo, entender que no había nada malo en mí, que estaba perfectamente sano y que solo se trataba de disfrutar. ¡Cuántas décadas para sentir eso!

Contra mi propia sorpresa, descubrí que la risa no solo no rompe el clima BDSM sino que lo potencia y lo ahonda. Porque te acerca, porque te conecta con el alma, porque en la risa no hay caretas, porque la risa saca afuera lo mejor de nosotros. Al fin y al cabo, no es la inteligencia sino la risa lo que realmente nos distingue de los demás animales. Es la risa, por sobre todas las cosas, lo que nos hace humanos. Nuestra especie no merece llamarse homo sapiens sapiens, pero sí merecería llamarse homo riens acarcajadens. ¡Qué mejor herramienta que la risa para hacer del BDSM una práctica sana, segura y consensuada!

¿Ustedes se dan cuenta de lo que me hicieron? Ustedes me hicieron reir.