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jueves, 9 de septiembre de 2010

“Voy a hacerte sufrir, tonto” (DominaEme I)

DOMINAEME (El Amor de mi Vida)


Luego de mi divorcio vagué por un limbo de Amas profesionales hasta que la encontré a la vuelta de la esquina: Eme trabajaba en el mismísimo lugar en que yo trabajaba y vivía en la misma manzana en que yo vivía. Universo extraño este universo, lleno de signos y seres destinados a encontrarse, que se cruzan sin verse.

La vi por primera vez desde el interior de un ascensor, sentada en la mesa de recepción del primer piso, con esa sonrisa de ojos negrísimos con la que parecía poseer el mundo. Estaba allí, casi impúdicamente, casi al acecho, “chorreando sexualidad”, como me dijo en la cama, pobrecita, aquella chica que me entregó -sin darse cuenta claro-, a esa existencia inevitable que me marcaría para siempre.

Caí rendido ante Ella desde el minuto que la ví y Ella vió que caí rendido al verla. “Éste vuelve”, me diría que pensó cuando me vio verla desde el ascensor.

Me costó un perú salir con ella. Estaba en Argentina casi de paso, saldando cuentas con sus raíces destrozadas por el exilio, donde Córdoba, México y París se mezclaban en ese hablar que aún hoy me puede todo. Me puse a seguirla como un perrito y Ella se divertía, contándome de sus amantes y el amor de su vida, que la esperaba en París. Lo que en cualquier otro hubiera sido una sirena para alejarse, en mí era un anzuelo. Y Ella lo sabía. Durante tres meses me mantuvo a distancia pero cerca. Amigo confidente (amigo nada más, amigo para qué).

Nuestra amistad se llenó de conversaciones y canciones repletas de pistas y signos: sus tatuajes, su libertad, su necesidad de controlar, sus múltiples amantes, su humor egoísta irresistible haciéndome repetir una y otra vez “pegame y decime marta” o “con los dientes rasgarás mis medias”, ese chiste que vino de los códigos sodastereanos que nos vinculaban. Y su placer avasallante. Y mis confesiones, mis cuernos, mis sumisiones, mi religiosidad depravada (mis pervobsiones religiosas), mis sueños de libertad profunda. Y aquel niño marplatense que sobrevivió al abuso como pudo. También nuestro canto guitarrero desgarrándose en zambas y corridos. Fue Ella la que me puso nombre: “cristian, cristian fate”, “destino cristiano”. Fui con ella el que no había sido con nadie hasta entonces; el actor sin careta, el guerrero sin escudo. “Voy a hacerte sufrir, tonto”. La frase y la sonrisa que la acompañaba invariablemente, eran un cebo infalible.

Una noche, estando en mi casa, sucedió. Finalmente Ella cedió. ¿Cedió? Hicimos el amor como si el mundo no existiera, con ella riendo sobre mí, con ella sujetándome las muñecas en señal de crucifixión. Esa primera y larga noche de sexo... que nunca más se repetiría, no así.

A la mañana, mientras le servía Su primer desayuno de frutillas con crema y jugo de naranja, me explicó cómo iban a ser las cosas. Libertad absoluta y esclavitud. Ella y yo. Ama y esclavo. DOMINAEME y cristianfate. Mayúscula y minúscula. BDSM. “Nada nunca que vos realmente no quieras” y código de seguridad. Hasta que se fuera con El Hombre De Su Vida a París. “Voy a hacerte sufrir, tonto”. La frase tantas veces dicha, había perdido gracia y ganado malicia.

Pero yo ya sabía. Era obvio de toda obviedad. Sabía..., pero no sabía. Ella tenía Sus amantes, Su vida y Sus amigas... y Su esclavo. Fue la primera vez en serio. Esposado, en un colchón en el suelo de la habitación de servicio, un lugar que se convertiría en mi pieza jaula y Su Sala de Disciplina, durante casi un año.

Fue la Mujer de mi Vida. Marchamos juntos por los derechos humanos y lloramos juntos cuando encerraron a los asesinos que mataron a nuestros seres queridos. me enseñó a ser lo que soy y a disfrutar mi ser como era. me enseñó a ser libre y a entregarme libremente. me enseñó a entregarLe mi ser, a entregarme en serio, un paso más allá de todos los juegos. me enseñó a encontrar qué cosa era, a liberarme de los miedos y a utilizar a mi favor esos atroces instrumentos de tortura mental que heredé del abuso y la formación católica infantil.

DOMINAEME dejó en claro desde el inicio que ella tenía otros (y otras) amantes y que yo nunca podría volver a penetrarla. En muchísimas oportunidades me dejó en silencio en mi pieza jaula, mientras ella disfrutaba con Sus amantes, uno de ellos jefe directo de ella y de algún modo también, jefe mío. En realidad, con Ella comencé realmente a ser esclavo y a entender en serio, que el único placer profundo que estaba activo dentro mío era que yo sirviera para el placer de Ella. Claro que tuve celos, celos terribles... Todo es un proceso... y lleva tiempo, muchíííííííííííísimo tiempo...

2 comentarios:

  1. gracias me gusta mucho como escribiste la historia. Se nota que fue una mujer remarcable en tu vida.

    BV

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  2. Gracias por su comentario Señora BlueVelVet. me alegra mucho. DominaEme fue "la" persona que me enseñó a disfrutar de lo que soy, además de ser (sigue siendo) "el" Amor de mi vida.

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