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miércoles, 18 de agosto de 2010

Nace un esclavo

Tapa de una de las revistas de Superman (Lois Lane) de los 70s.
¿Cómo empezó todo? Como casi todos los sumisos y sumisas que he conocido, desde muy chico supe que había nacido para ser esclavo. ¿Cuándo? tengo claros recuerdos desde los 11 años, pero incluso desde antes me llegan poderosos mandatos de sumisión, en los que la Iglesia Católica tiene un papel muy importante, con su liturgia de humillación, sacrificio, confesión y penitencia. Obviamente -y antes que nada- también mis padres y un entorno de abandono y abuso, me marcarían el cuerpo y el alma. Puede decirse que prácticamente nací de rodillas y cuando mi sexualidad se desarrolló, simplemente tomó esa forma. Ya en la preadolescencia me imaginaba a mi mismo reducido a la esclavitud y encadenado sin esperanza en calabozos africanos o en algún país árabe. Claro que en esa época (mediados de los 70s), ni siquiera sospechaba que había algo así como una esclavitud consensuada. Mi mente se pobló de imágenes de torturas y ataduras. Ni idea por entonces que existía una palabra que se pronunciaba "bondash". Las historietas y series de la época aportaron los trajes fetichistas de los superhéroes y superheroínas, las ataduras y mordazas a que eran sometidas Luisa Lane y Lana Lang de las que eran rescatadas por Superman (muchiiiiisimos años después me enteré que Joe Shuster, el dibujante de Superman era adepto al bdsm) y obviamente Gatúbela y la Señora Peel (Los Vengadores). Para cuando empecé a relacionarme con mujeres, ya era un sumiso hecho y derecho, aunque sin saberlo. Como resultado, desde un primer momento me atrajeron las chicas "malas": fuertes, hermosas, sexys e independientes. Así tuve, siempre sin saberlo, mis primeras experiencias de sumisión y humillación: todas, sin excepción me metían los cuernos y luego me hacían "entenderlo" y aceptarlo. Décadas después descubrí que eso existe y se llama "forced cucklodry" (infidelidad forzada), una de las prácticas del femdom. Asi puede decirse que fueron moldeando un novio y luego un esposo que podía "entenderlo" todo. Durante dos décadas esa sería mi vida, cargada además de culpas por esa "anormalidad" que estaba en mi interior y que se resistía a irse. mi última pareja vainilla, con quien me casé y tuve hijos, ya prácticamente era una Ama. Cuando se divorció de mí, ya había descubierto en Internet, que en el mundo había muchos otros seres como yo, que también habían nacido para ser esclavos, y Amas y Amos que los buscaban para adiestrarlos y usarlos. De ese modo el divorcio me liberó para la esclavitud y encontrarme con el esclavo que soy y que siempre he sido.

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