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domingo, 15 de agosto de 2010

6 de marzo de 2010: el renacimiento

AMO y esclavo.

33 horas. 6 de marzo de 2010. El dolor y el cansancio inflan mi cuerpo, lo llenan, lo rompen, como si se tratara de una bolsa de arpillera que se va rajando lentamente. Apenas si puedo sostenerme. Apenas si recuerdo. 33 horas de Él, por Él, para Él. Ahora ya está, ya fui. arrojado a la calle de una Mar del Plata helada patrullada de camiones de basura. manojo de articulaciones descoyuntadas, precariamente cosidas con alambres. Apenas si puedo respirar. Los habitantes de la noche pasan indiferentes, viéndome tal cual soy. No puedo evitar ser transparente. La humillación me envuelve como si me sumergieran en un estanque de inconcebibles líquidos calientes. Sin embargo nunca he sido más feliz.

Una chica gótica, con piercings y tacos altos, me mira. Se da cuenta que no puedo cerrar la boca. Se da cuenta de que mi mandíbula está atravesada de calambres, mis labios están entumecidos y a mi garganta le arrancaron la voz. Mi Señor se ha señoreado en las profundidades. Infinitamente, en una larga noche sin voluntad. Ella ve en mi mente las imágenes. Una vez, diez mil veces, en un mundo sin contemplaciones. Su mundo, el mundo de Él, mi Señor. Imágenes de paladares y músculos impensados ensanchándose para buscar aire con desesperación. Dueño y Señor. me siento respirar entre asfixias y tratar vanamente de controlar reflejos incontrolables. Hace tantos siglos que estoy aquí que ya ni siquiera logro darme cuenta si sigo existiendo. mi existencia toda se ha reducido a entregar lo inentregable para que Él la tome. Todo yo soy Su voluntad haciéndose. Sin embargo nunca he sido más libre.

La chica gótica vuelve a mirarme, sabiendo. Ella puede ver las marcas, los moretones, el bozal, el agujero en que se ha convertido mi cara. En algún momento atraviesa mi mente un recuerdo de otra vida, en el que una hermosa mujer sonríe entre mis piernas. Casi ni puedo reconocerlo. Ya no quedan ni rastros de aquel no más yo. Hoy aquellas piernas han dejado de ser mías, al igual que el resto de mi cuerpo, y es Su placer lo que lo ha ocupado todo. Su placer me llena y hace renacer las fuerzas que ya no están, para seguir y seguir más allá del tiempo. Entre humano y subhumano, entre el tiempo y el no tiempo, en un lugar que no es ninguno, sin identidad, olvidado de todos. La noche se muere de frío y soledad y yo siento lo que soy como nunca antes lo sentí. No sé dónde estoy, ni tengo a dónde ir. ¿Qué queda de aquel que una vez fui? ¿Qué soy? ¿En qué me convertí? Solo sé que nunca más podré negarme a seguir yendo. Solo sé que renací y que está saliendo el sol.

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