Un simple comentario suyo me ayuda mucho a mejorar. No deje de hacerlo, por favor.

lunes, 24 de enero de 2011

Duele


 Duele.
Pero dejar salir las lagrimas
no es facil
no es nada facil
llorar
qué dificil
conectarse con esa parte
oscura
tan oscura
esa parte
que no querés mirar.
No reir
Odio reir todo el tiempo.
Me duele tanto reir todo el tiempo.
llorar
gritar
morir
es tan necesario
llorar
gritar
sufrir
es tan dificil
llorar
gritar
hundirse en mi
hundirse en ese territorio azul
que te persigue
que tanto temés
hundirse en esa zona espesa y fria
a la que nunca querés
ir
Llorar
gritar
vomitar
es tan necesaro
tan dificil
tan doloroso
recordar
recordar
recordar
es tan necesario
tan dificil
pero tan doloroso
tan doloroso
No quiero recordar
pero no quiero no hacerlo
Duele.
Tanto.
duele tanto,
Como Sus(tus)
azotes crueles
azotes dueles
incrustados en mi piel.
Pero sin redes
sin
el abrazo que te permite disolverte
en el mar.
Llorar.
Gritar.
Gritar.
Gritar.
Llorar.

lunes, 17 de enero de 2011

SUS marcas


SUS marcas
en mi piel
en mi
me alambran
me desapropian de mi propio cuerpo
SUS marcas
descendiendo como astillas metálicas por mi espalda
imprimen en mi carne
"este ser es Mío"
"YO lo lastimo"
"YO lo poseo".
SUS marcas
son SU nombre en mi cuerpo
son ÉL en mí.

¡odio sentir como se evaporan!

jueves, 16 de diciembre de 2010

La risa y el BDSM


Nota: este artículo fue escrito como columna para la página de Mazmorra en dicimbre de 2010.


Pero hay algo que nadie puede explicar:
por qué la niña ríe en vez de llorar.
(Fabricante de mentiras, Charly García)


Lo que más me gusta de Mazmorra es su risa. Fue lo primero que me llamó la atención. No es habitual, ni esperable, escuchar risas en un lugar sadomaso. Uno espera escuchar gritos, órdenes, latigazos, súplicas. O en todo caso, instrucciones técnicas. Pero... ¿risas? Cuando acerqué mi oído por primera vez a la puerta de Mazmorra oí gritos, órdenes, latigazos, súplicas e instrucciones técnicas, pero además escuché risas. Al principio no entendía bien cómo era ese asunto. Dominantes, sumis y switchs, entre fustazo y fustazo, reían a carcajadas. Hasta ese momento para mi el mundo BDSM era un lugar poblado de sentimientos densos, que surgían de antiguas profundidades interiores. Un lugar más bien oscuro y serio, del que no podía hablar con casi nadie.

Así que, cuando llegué a Mazmorra, encontré algo que sabía que buscaba, pero también encontré algo que no sabía que buscaba. Encontré lo que buscaba, porque encontré información seria y sobre todo gente que sentía lo mismo que yo, con quien pude empezar a hablar. Pero además encontré algo que buscaba sin saberlo: cómo unir el BDSM con la risa. Y estoy seguro ahora de que esa risa fue la que me empujó finalmente a tomar contacto personal con esta comunidad, a empezar a llenar mi vida de amigos y amigas que tienen dentro suyo la misma cosa que durante décadas pensé con angustia que solo tenía yo.

Y Mazmorra se me vino encima con su risa. Desde las improvisaciones teatrales a las que nos arrastraron Kronos y su kaotika{KNS}, hasta los sadopicnics que inventó LACTO y continuó violeta{AXN} y su Amo Xander. Desde los bichos bolita culeadores de costas{AR} y su maravillosa AmaReina, fundadora del hilo de preguntas insólitas, hasta el sadismo radial desopilante de BlueVelvet , Ursula y El Sombrero en RapePlay. Desde la alegría incansable que te tira el tarot de maite{}, hasta la imponente sonrisa desbordada de mell{SrF} esposada. Y tanto ejemplos más... Tantos, tantos... Todos. Todas.

Pero entre todas, retengo siempre una imagen que para mí se acerca casi a la perfección:
           Plena sesión con toda la parafernalia BDSM, incluida ballgag, (esa con perforaciones para respirar). Sumisa respirando trabajosamente...y escuchándose solo respirar:
Amo - ¿Estás bien?
sumisa – Ssjj mmmm, ssjj Ddrrrrgg Vvggggddddrrrrrrrr
            Amo retira la mordaza y repite la pregunta:
Amo - ¿Estás bien?
sumisa - Si Amo, soy Dark Vader!!!!
Amo
(repuesto del ataque de risa, vara en mano) - ¡¡La fuerza está contigo!!  
El párrafo anterior no está extractado de alguna obra del gran dramaturgo italiano Darío Fo. Es un relato de una experiencia real de goodgirl{AD}, una de mis amigas sumisas de Mazmorra. ¿Risa en medio de una sesión BDSM? Creo que fue en ese momento que supe que a partir de ahora yo iba a vivir el BDSM así.

Es que la risa, en el BDSM (y la vida), es mucho más importante de lo que quizás pueda parecer a simple vista. La risa es algo serio. Lo digo por experiencia personal. El BDSM (la vida también), es una vivencia muy pesada, sobre todo cuando uno anda solo. En muchos casos viene de experiencias de abuso y en otros se ha llevado como una carga, poblada de incomprensiones, prejuicios y culpas. Nada de eso es gracioso. En ese territorio tenso, la risa ingresa como un océano descontracturante.

En El nombre de la rosa, Umberto Eco menciona un antiguo texto egipcio según el cual Dios creo el mundo con su risa: “apenas se echó a reír apareció la luz”. Es que la risa infunde vida y nos libera del miedo y los prejuicios. La risa es la archienemiga del miedo. Y qué otra cosa sino el miedo es lo que te impide disfrutar del BDSM. Fue la risa de Mazmorra la que le permitió a mi cuerpo, ya no solo a mi mente, sino a mi cuerpo, entender que no había nada malo en mí, que estaba perfectamente sano y que solo se trataba de disfrutar. ¡Cuántas décadas para sentir eso!

Contra mi propia sorpresa, descubrí que la risa no solo no rompe el clima BDSM sino que lo potencia y lo ahonda. Porque te acerca, porque te conecta con el alma, porque en la risa no hay caretas, porque la risa saca afuera lo mejor de nosotros. Al fin y al cabo, no es la inteligencia sino la risa lo que realmente nos distingue de los demás animales. Es la risa, por sobre todas las cosas, lo que nos hace humanos. Nuestra especie no merece llamarse homo sapiens sapiens, pero sí merecería llamarse homo riens acarcajadens. ¡Qué mejor herramienta que la risa para hacer del BDSM una práctica sana, segura y consensuada!

¿Ustedes se dan cuenta de lo que me hicieron? Ustedes me hicieron reir.

domingo, 3 de octubre de 2010

Electro tortura: gulp!!!!

Nunca es facil el momento en que me doy cuenta de que empezó la secuencia de una nueva sesión de tortura. Todo yo me vuelvo resignación y fatalidad. La respiración se espesa. Los labios se cierran inquietamente tensos. Toda posibilidad de sonrisa desaparece del mundo. Certeza de dolor inevitable. No el dolor del cuchillo descuidado, no el dolor del golpe accidental. No. Certeza del dolor sistemático, inteligente, cruel, implacable, eterno. Nunca es facil darse cuenta que ya es tiempo de que vuelva a entregarle a mi SEÑOR, mi sufrimiento. Nunca es facil, pero siempre es mágico. Esta vez, una voz nueva se ha sumado. me abren las piernas hasta el tope que imponen los aductores estirados. En la oscuridad que mi SEÑOR decidió para mi, me veo en cruz, estaqueado, en medio de la sala. Esta vez la preparación es extrañamente larga y minuciosa. siento que me atan los tobillos, cada dedo del pie, las uñas, los gemelos, las rodillas, los muslos, los genitales...

Las voces de mi AMO y Su invitado llegan en fragmentos indescifrables. Explicaciones, risas, advertencias... Algo líquido. ¿me mojan? Unas manos aseguran las ataduras del tobillo izquierdo. Otras, flexionan mi rodilla derecha. De pronto, del murmullo incomprensible cae sobre mi una palabra salvaje:“electrodo”............... me van a aplicar electricidad!!!!! ¡¡¡No son ataduras, son cables!!! Una desesperación inutil se apodera de mi. Apenas puedo respirar. odio la electricidad. me doy cuenta que está dentro de los límites pactados, pero no así, no ahora, no estoy preparado. mi cuerpo tiembla, se descontrola.

Entonces aparece la voz de mi AMO en mi oido diciéndome en voz baja: “confiá en Mí”. El efecto es mágico. Esas solas tres palabras me devuelven la vida. “De ÉL, por ÉL, para ÉL”. De ahí en más todo lo que recuerdo es borroso. Los electricidad comienza a entrar a mi cuerpo como una jauría desalmada, violándome. Entra en tropel y empieza a correr por adentro de mis venas y arterias, mis ligamentos, mis músculos, mis nervios, mis genitales. Muerde. me come, me está disolviendo. tengo el cuerpo lleno de bichos. Los siento caminando, corriendo como cucarachas, por adentro. Van para un lado, para el otro. Se apuran, se detienen. me vuelven loco.

Los cuádriceps patean y patean sin parar. Los abdominales se licúan en un océano de espasmos. Todo resto de voluntad ha sido eliminado de mi cuerpo que se sacude absolutamente ajeno. Pirañas microscópicas se ensañan con todo lo que encuentran a su paso. Golpes, estiletes, mordidas, cuchillos, agujas, latigazos... Un dolor filoso, cortante, se apodera de mis pulmones. Cientos de alambres calientes se desplazan bajo la piel o ingresan a mi por debajo las uñas. De pronto la corriente sube por una de las piernas, no logro saber cual; de pronto los rayos estallan en la punta del pene, como un fustazo interior. De pronto estalla la ingle, de pronto los intestinos se desprenden de mi. Todo viene de dentro, todo viene de ningún lugar.

En algún momento de la nada, un aureola de conciencia me permite sentir los aductores abriéndose y cerrándose al ritmo de ingreso de la electricidad. mi AMO experimenta, prueba. Aquí, allá, así, asá. El cuerpo, los músculos, tratan de seguir el ritmo. Ahora más rápido, ahora más lento, ahora casi indoloro, ahora inalcanzablemente acelerado. descubro que si puedo anticipar el ritmo, el dolor es más manejable. Cómo si se tratara de un títere mis miembros responden a las perillas que va girando mi SEÑOR. Pero pronto lo pierdo y todo se vuelve arritmia desquiciada. Todo yo soy temblor, espasmo, convulsión, contractura. De afuera debo parecer un loco que no para de sacudirse. me retuerzo. trato de escapar sabiendo que no hay salida. trato de encontrar una posición en la que los shocks duelan menos, pero no la hay porque todo es interno, porque el dolor viene de todas partes. Tampoco logro entrar al subspace, porque las olas de electricidad me lo impiden. Quizás sí lo logro por breves segundos, pero la salida es una venganza peor que ese brevísimo alivio.

La boca y la garganta se llenan de una pasta seca. Cansancio y dolor. Cansancio. Casancio. El dolor eléctrico no es un dolor como el del látigo, la fusta o la aguja. Es un dolor inombrable, que te seca la boca y paraliza la palabra, que te rompe desde adentro, que te agota hasta dejarte a su merced. Duele incluso cuando no duele.

Sólo sé que en algún momento terminó. El fin de la eternidad. De ese momento retengo la lejana sensación de haber sentido la mano de mi AMO en mi cabeza, orgullo, cansancio y un cuerpo disuelto al que le llevó casi una semana volver a reconocerse. Mi AMO me ha dicho que se sintió orgulloso de mi entrega, porque sabe cómo odio la electricidad, pero que ni siquiera pasó del centro del dial y que en próximas sesiones no va a ser tan contemplativo. Gulp!

sábado, 25 de septiembre de 2010

Biaba (BDSM tango)

video

Algo que me interesa mucho es encontrar el BDSM en la cultura que me rodea, sobre todo en la que se hace cerca mío, en mi propio idioma y en mi propia región, país y ciudad. Y algo que me ha gustado mucho es encontrar el BDSM en el tango, esa música tan característica de la ciudad en la que vivo. Es que no sólo la música gótica y el heavy metal tienen su veta BDSM, sino también el tango, como no puede ser de otra manera en un estilo musical que ha sido clásicamente asociado con el masoquismo emocional.
Con ese espíritu hice este video. Se trata del sonato "Biaba", que en lunfardo quiere decir "paliza", escrita por Celedonio Flores (1896-1947), uno de los máximos poetas tangeros de todos los tiempos.  El Negro Cele escribía poesía tanguera en lunfardo, un arte doblemente marginal, que combinaba esa música maldita de origen prostibulario y ese dialecto de origen carcelario. La censura de sus tangos en lunfardo lo amargó tanto que murió de tristeza, sin alcanzar a ver la revancha del lunfardo sobre la pacatería y los prejuicios. La música, en tiempo de tango-milonga, y el canto le pertenecen a Edmundo Rivero, un prócer, que tiene varios tangos de temática BDSM. ¿Será por algo?
Las fotos están tomadas de la galería propia de Mazmorra y corresponden a sumisas que forman parte de la comunidad de Mazmorra a la que también pertenezco.Gracias a todas ellas, mis hermanas, y a sus Amos, quienes en muchos casos son los autores de esas fotos.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

"Tenemos que hablar"


Tenemos que hablar”. Hacía cuatro años que estábamos juntos, si comienzo a contar desde aquellas madrugadas salvajes de infidelidad y Parque Centenario. “Tenemos que hablar”, me había dicho por teléfono. No era la primera vez que ella usaba esas palabras. Habían llegado a convertirse en nefasto augurio de un nuevo cambio, de una nueva regla, de una nueva verdad con la que debería aprender a convivir en adelante. Y cada vez, yo sabía que era mi culpa, fuera cual fuera mi falta. “Voy a llegar tarde, pero mantenete despierto que tenemos que hablar”.

Llegó a las tres de la mañana, no demasiado tarde para ella, acostumbrada a trabajar en su estudio toda la noche. Llegó hermosa como siempre y como siempre, envuelta en ese aura de amatista, desplegando sus bucles rubios al compás de sus pechos y su andar de pantera blanca. Como siempre, sus labios desparramaban una luz rosada que apenas dejaba ver dos incisivos caníbales entreabiertos. Nunca pude acostumbrarme a su belleza, un tipo de belleza escalofriante, de diosa indefensa y feroz, lista para ser complacida desde una súplica de ojos verdes.

Cuando llegó y me miró, un ruego inutil me rasgó el alma. Ahí no estaban ya esas sonrisas tan suyas, que se le escapaban como mariposas en celo. No estaban esas arrugas pícaras que se le formaban en las comisuras de los ojos cuando se desnudaba. No estaba ese cantito cordobés desenfadado que usaba como una daga pecaminosa para indicarme qué, dónde y cuándo.

Entró con una noche agria a sus espaldas y la mirada ausente, o quizás dura, o quizás inundada de decisión. Se sentó en el sillón, se cruzó de piernas y me dijo: “estoy saliendo con un tipo”. El universo cayó como una demolición sobre mí. Un silencio terminal se desparramó por mi cuerpo y lo sostuvo como una marioneta. Un destello de lujuria en sus ojos entrecerrados, su pelo revuelto y su boca húmeda, confirmaban la sentencia. En realidad era evidente. En realidad yo hace rato que lo sabía. En realidad, yo no quería que ella lo dijera. Qué podía importar que ya casi no pudiera tocarla. Qué podía importar que tuviera que encontrar algo de alivio en los baños públicos. Ella seguía allí, a mi lado, iluminando con su piel la oscuridad de mi lecho. Ella seguía entrando con sus piernas alargadas en esos tacos explícitos, dejando escapar bocanadas de vida en cada sonrisa. Qué podía importar que otro la tuviera, si ella estaba allí.

Pero la verdad en sus labios fue un latigazo. La verdad es un arma para la que no hay armadura. Un sentimiento inombrable, desconocido, se apropió de mi impotencia. Indignación, celos frenéticos, miedo, humillación. Mis ojos se llenaron de mil veces ella curvándose bajo otro hombre, clavándose en mis pupilas como abejas sin alma.

¿Estás enamorada de él?” , dije sin voz, esperando no sé qué respuesta, ni que disculpa. “No sé” , respondió como haciéndome saber que no tenía derecho a preguntar. “¿Estás enamorada de mí?” , fue entonces mi repregunta desesperada, la pregunta de mi derrota. “A vos te quiero mucho”, dijo ella, iluminándome el alma con una migaja.

Con el tiempo aprendí a comprenderla y a apoyarla, aunque nunca pude aprender a controlar mis celos, cada vez más crueles, cada vez más sádicos, cada vez más desbocados. Con el tiempo ella aprendió a enrrostrarme hasta el más mínimo detalle de su derecho al placer, como una venganza, o quizás, como un acto de amor, como un reconocimiento a mi presencia allí. Eso sí, nunca más pude tocarla. Lo intenté los primeros días y un desdén helado se desprendió de su cuerpo como uno de esos cuchillos cortos que se usan para castrar al ganado que no sirve para padrillo.

En la desesperación de mi deseo clausurado, una noche logré con súplicas sacarle la bombacha. En realidad fue Ella la que, cediendo y con Sus propias manos, la guió hasta mi boca. mis labios temblaron sobre el satin negro como un poseído y mi paladar se empapó de Su sabor hasta estallar sin esperanza. Entonces, Ella misma desvirgó mis convulsiones castas, llevando mis manos al satin y mi boca al semen, como  si se tratara de una plegaria. Nunca voy a olvidar el brillo verde de sus ojos cuando me revelaba lo ocurrido: “dulce, no me había cambiado la bombacha”.

Nunca más me permitió siquiera pensar en intentar tocarla. Pero ciertas noches, cuando Ella llegaba con un “algo” inconfundible, se sacaba la bombacha y me la daba. Y yo aprendí a agradecerlas como un animalito hambriento, a quien se le daba un brebaje especial para que saciara mi sed con el fruto de Su placer.

Un viernes de octubre de 2002 atendí el teléfono en casa y Su voz desde el otro lado me anunció que ese fin de semana no vendría a dormir: “el lunes tenemos que hablar”. La separación hizo inevitable el inicio de mi vida como esclavo.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Gracias

me toma
me desnuda
me despelleja
me sumerge en un lugar de gritos negros
hace de mi una masa aullante
hace de mi un dolor viviente
me toma
me rescata
¿estás bien?
si Amo
Gracias.